Pensando la ciudad inteligente en comunidad: el #cafesmart

Una nueva iniciativa ha visto la luz en Valladolid. Y es que… Pucela innova.

Veamos, no muchos conocen la Agencia de Innovación y Desarrollo Económico (C/ Vega Sicilia, 2 bis, esquina a Pso. Zorrilla -Parque Alameda-) de la ciudad, aunque últimamente está efervescente, apoyando la emprendeduría y la innovación tecnológica. En la agencia se están dando diversos encuentros interesantes en materia tecnológica, impartiendo cursos sobre herramientas novedosas y generando jugosas sinergias. Es el caso de la charla del día 18 de Virginia Díez (Culturatorium) sobre licencias libres o el taller de CartoDB organizado por Cylicon Valley para el sábado 20.

Pero hay una iniciativa que nos interesa especialmente. Es la promovida por Fernando Burgos -@ditelnet- dentro del “Laboratorio Ciudadano de Innovación” puesto en marcha dentro de la agencia. Dicho laboratorio busca la participación de los ciudadanos en la generación de proyectos desde una filosofía bottom-up (de abajo a arriba). Así ha surgido la idea de hablar de la “Smart City” y de los “Smart Citizens”, en un formato de charla distendida y de aprendizaje colectivo: el #cafesmart.

En la primera edición, nos reunimos en un grupo multidisciplinar para tratar de dilucidar qué era eso de la “Smart city”. Sin apenas conocimientos iniciales en el tema, desarrollamos una intensa discusión sobre qué es una “ciudad inteligente”, cual es el por qué de su existencia y cuales son sus objetivos. Probablemente, en ninguna cabeza quedó claro el término; sin embargo, se sentaron las sólidas bases para una discusión enriquecedora y efectiva, bajo nuestro punto de vista.

Para empezar, estamos de acuerdo con el planteamiento de las reuniones. La metodología no es baladí: generar una comunidad de conocimiento que desarrolle proyectos en base a un aprendizaje entre iguales (P2P) y desde la multidisciplinariedad, a día de hoy para muchos puede ser un planteamiento obvio, pero si buscamos en las comunidades de conocimiento que ostentan el valor de verdad de manera tradicional, esta obviedad se disipa y comienza una discusión interminable sólo solventada con el nacimiento y la instauración de los nuevos métodos de aprendizaje que sustituyan a los obsoletos y dogmáticos.

En segundo lugar, plantear un debate abierto sobre un tema tan en boga como el de la “Smart city” y tan asociado a intereses económicos ligados con las nuevas tecnologías aunque disfrazados de intereses sociales y medioambientales, nos parecía, de por sí, un riesgo difícil de asumir.

Por otra parte, toda discusión sobre las nuevas tecnologías y cómo éstas se implementan en nuestras vidas, nos atrae. Y más si es a nivel local, donde nosotros también buscamos generar un núcleo de discusión en torno al tema, aunque aplicado al ámbito creativo.

El pasado #cafesmart comenzó con una exposición de diferentes definiciones de la ciudad inteligente, a cargo de especialistas e interesados en el tema. Si bien la conclusión fue que no existe una definición ajustada sobre lo que es la “ciudad inteligente”, sí se pusieron sobre la mesa los lugares comunes a los que se suele acudir para este propósito y que Boyd Cohen ha señalado en su “Rueda de la Smart City” (“Smart City Wheel)”: sostenibilidad, mejora de calidad de vida, eficiencia energética, seguridad, tramitaciones administrativas electrónicas, aprovechamiento de recursos, ahorro de tiempo, etc. mediante la aplicación de las nuevas tecnologías son los ítems en los que todos parecen estar de acuerdo, con mayor incidencia en unos o en otros según intereses. Hay más desacuerdo en cambio con respecto al rol que en esta ciudad juegan sus habitantes: una ciudad inteligente es en este caso una en la que la gobernanza es participativa y responde a las necesidades de éstos. 

Así pues, por un lado, tenemos la “ciudad inteligente” como una herramienta más, desarrollada por la mercadotecnia para un marketing empresarial y consistorial; por otro, como una verdadera comunidad de autogobierno y de autogestión eficiente y sostenible -ecológica y feminista, me atrevería a añadir-. Son las dos fases que Fernando Burgos plantea para describir la evolución de las “Smart cities”: en un principio tan sólo “ciudades tecnológicas” y posteriormente “ciudades inteligentes” para “ciudadanos inteligentes” que deciden y participan por diversas vías –como los laboratorios ciudadanos-.

Creative and Smart City by Maurizio Carta 

Creative and Smart City by Maurizio Carta 

La “ciudad tecnológica” es una especie de “Gran Hermano” en la que todo es convertido en datos privados e “involuntarios” que se monitorizan y se registran y que están al servicio del mercado o de los poderes públicos. El ciudadano se convierte en un cliente, un ser pasivo dedicado al mero consumo. La verdadera “Smart city” debe dejar de tratar al ciudadano “como un estúpido”, como diría Rem Koolhaas, y empoderarle por medio de las tecnologías, de otro modo tendremos que recluirnos en “Jaulas de Faraday” en nuestros propios hogares, al resguardo de la vigilancia tecnológica introducida hasta en nuestros coches.

Sólo con la instauración de la ideología DIWO (Do It With Others) podrá generarse una verdadera ciudad inteligente que responda a las necesidades de sus habitantes, vivan donde vivan éstos -¿no se hace la ciudad en los barrios?- y tengan el nivel económico que tengan –los servicios sociales al servicio de todos-. Porque una “ciudad inteligente” es aquella en la que sus habitantes piensan y hacen en consecuencia ya sea en su fablab o en su plaza. No perdamos de vista que “lo público” no es “lo común” y que la gestión de los comunes debería ser el verdadero objetivo a cuyo servicio se pongan las nuevas tecnologías. (Pero esto ya lo hablaremos otro día)