Wladyslaw: el sonido postpunk vuelve a Valladolid

Entrevistamos a Sergio Trejo aka Wladyslaw tras su reciente concierto en Valladolid. Su trabajo, uno de nuestros más recientes descubrimientos locales, bebe de la música electrónica más oscura derivada del punk y muestra una increíble coherencia con respecto a su visión de la cultura contemporánea y su visión artística en general. A principios de año pudimos conocer algunos de los temas de su disco homónimo vía bandcamp, que lanzó tras las primeras actuaciones en directo. Los temas vinieron acompañados de vídeos y se completaron con el lanzamiento de una cassette en serie limitada. No ha sido hasta finales de año cuando hemos podido disfrutar de su directo por primera vez en Valladolid en el incomparable escenario del Coco Café intervenido por Dora García con su acción "El café de los oidores de voces" a propósito de la exposición "Nada temas, dice ella" del Museo Nacional de Escultura. Tras la experiencia no hemos dudado en asaltarle y hacerle hablar. 

Te refieres a tu trabajo como postpunk o synthpunk expresionista, también podríamos relacionarlo con el krautrock, pero ¿con qué definición te sientes más a gusto? ¿qué relación tiene con el nombre artístico con el que te identificas?

Una de mis obsesiones de bastantes años para acá es la historia del siglo XX de Europa Central. Descubrí que hay historia en Europa Central y que hay cultura que desconocemos. Para nosotros la referencia principal es la cultura anglosajona y la norteamericana pero viajando me di cuenta de que desconocíamos toda esa cultura que es más cercana a la nuestra en teoría y además de que los españoles tenemos ostalgia, es decir, extrañamos la Europa del Este. Y esto es, según mi teoría, porque de niños veíamos dibujos animados de Europa del Este. Es algo que todo el mundo vio pero muy pocos se acuerdan de que en los años 80 TVE ponía series y dibujos animados y estos eran mis favoritos, pero yo no me he vuelto a acordar hasta mucho tiempo después ya siendo adulto. Eran los menos sensacionales, tenían menos acción, la música era un poco rara -entre clásica y de vanguardia- y a mí me flipaban. Creo que echamos un poco de menos aquello. Incluso a veces me ha parecido en estos sitios he tenido sensación de pertenencia, no en el sentido de querer vivir allí sino que siento que soy de allí de alguna manera. Por eso elegí un nombre polaco. Surgió Wladyslaw -lo vería en alguna película- que es como José Luis aquí, lo cual es un error porque no me van a encontrar nunca, pero ya está hecho.

En cuanto al tema del estilo, opino como la mayoría de la gente: lo de las definiciones no tiene ningún sentido pero pensaba que tenía que poner alguna un poco como seña de identidad. Lo que hice fue después de un concierto para unos amigos en casa de uno, les pregunté como lo definirían ellos y entre todas las definiciones hice una especie de Frankenstein y salió “synth punk expresionista”. Sobre todo es punk porque yo quería hacer punk, quería usar electrónica pero hacer punk, “synth” por el uso de sintetizadores y “expresionista” por la finalidad de las letras de manifestar mi situación interior.

Queremos conocer tus referencias… desde Joy Division hasta Kraftwerk, ¿qué ha sido decisivo para tu trabajo?

Yo no quería hacer lo que estoy haciendo, en realidad esto es la historia de un fracaso. Yo quería hacer electrónica muy minimalista, sobre todo yo quería hacer lo mismo que hacía un grupo que se llamaba Die Bunker, cuya primera cassette era super minimalista.  

Yo quería hacer eso y tenía los medios para hacerlo. Empecé, pero no me salía y lo que se suponía que iba a ser muy simple acabó siendo un poco más complejo porque no me conformaba. Tirando del hilo llegué a esto. Finalmente me quedé con la satisfacción de haber soltado cosas que yo quería sacar y tenía dentro de mí mismo y quizá eso haya sido lo mejor. La cassette de Die Bunker fue un gatillazo para que yo me soltara, de modo que fue mi única inspiración y no Joy Division, ni el krautrock, ni el postpunk en general. 

Sabemos lo difícil que es tocar en Valladolid pero, ¿cuál es tu relación con la escena local? ¿y con la nacional? ¿cómo surge la gira con Diadermin?

Yo no soy muy localista. En ese sentido no soy muy partícipe de colectivos o asociaciones, ni a nivel local ni nacional. No me siento a gusto porque creo que mi personalidad no encaja en ese tipo de funcionamientos. En Valladolid no me siento muy integrado en ningún sitio, aunque hay alguna gente que me conoce y me apoya un poquito más. No me siento formar parte de la cultura vallisoletana, aunque estoy abierto y todo el que quiera colaborar es fenomenal. Lo que pasa es que Wladyslaw surgió como algo muy personal y sobre todo al principio no implicaba ninguna red ni ningún tejido sino simplemente era yo en mi cuarto con mis instrumentos. De hecho ni siquiera quería haber grabado, yo sólo quería dar conciertos, pero te van empujando las circunstancias.

Tampoco a nivel nacional porque aunque supongo que hago música electrónica no ha sido nunca mi intención, entonces no siento que mi sitio tuviera que ser el Sónar, por ejemplo. Quizá podría tener cabida, pero me sentiría extraño. 

A Diadermin los conocía de la época de Las Tocayas, cuando nos invitaron a tocar a Vigo. la relación continuó y era algo que teníamos pendiente. Ellos justo acaban de sacar disco y aprovechamos la oportunidad. 

Nos interesa especialmente la relación de la música y los visuales: tu trabajo lleva en la portada el trabajo plástico de tu padre Julio Trejo, en los conciertos utilizas un mural de Luna de Mayo de estilo expresionista alemán tipo “Metrópolis” y tus canciones van acompañadas de vídeos de remix de foundfootage, tendencia en alza. ¿Cómo concibes tu esta intersección entre el audio y lo visual? 

Los vídeos los hago yo: algunos son cortes de películas y otros como “Confundidos” está hecho con programas educacionales norteamericanos que son muy divertidos. Yo usé el de “no robar”, hay otro sobre las drogas, sobre el cuidado que tienen que tener las mujeres con los chicos… voy guardando enlaces de cosas que me llaman la atención y de vez en cuando los repesco si veo que cuadran con la historia y los edito un poco y con poco arte porque no se, pero hay gente a la que le gusta. 

El mural surgió a raíz del visionado de “El Gabinete del Doctor Caligari” y le pedí a Luna de Mayo que pintara algo parecido, porque me parecía que cuadraba con el sonido, y lo preparamos para la fiesta de este amigo. 

El primer vídeo, el de “La Deriva Continental”  lo hizo un amigo de Palma de Mallorca, Javier Castillón, que es profesor de audiovisuales, tenemos bastantes gustos en común y creo que captó la idea también muy bien. 

Las pinturas suponen la reconciliación con la figura de mi padre. Siempre han estado en casa y, de niño me daban lo mismo porque era un niño, de adolescente no me interesaban nada porque era adolescente y tocaba odiar todo lo que tenía relación con tus padres; y de adulto es cuando empiezas a descubrirlo y a ponerlo en valor. Entonces vi cosas que me gustaban y me parecían fascinantes. Sobre todo cosas que hizo en los años 70 que me parecen modernas a día de hoy. Tenía que usarlo porque además siendo un proyecto tan personal y tan relacionado con los recuerdos de mi infancia, era importante que estuviera también. 

El corte número 5 - “Fausto”- es para algunos el más potente: hace referencia a un mito una de cuyas versiones más famosas es la de Goethe, también alemán. Nos interesa mucho esta coherencia que muestras a nivel musical, visual y también literario. ¿Qué valor tiene para ti la literatura? 

La literatura es mi placer principal. A veces digo que desde que se no he pasado un día sin leer, siempre recuerdo haber leído algo, aunque luego nunca me acuerdo de nada. Mi relación con la literatura es muy estrecha: tengo un montón de libretas con apuntes que he tomado y que luego no utilizo nunca, aunque tengo la esperanza de que me sirvan para algo y que, ojalá, al haberlas escrito se queden de alguna manera en mi subconsciente y pueda así rescatarlas para canciones, por ejemplo. Creo que al final no sirve de nada, aunque pienso que aprovecho la lectura. 

Goethe llegó después, primero fue la idea de la maldad y esto viene por una conversación que tuve con una persona que me dijo: “yo me tengo por bueno”. Me lo dijo de una manera tan categórica que me sorprendió, además la conozco y no creo que lo sea tanto. Pensé en cómo podía una persona decir eso de sí misma. Yo no me siento bueno, tampoco me siento malo: a veces soy bueno y a veces malo, reconozco que a veces me he comportado mal y lo haré. Esto fue hace muchos años, pero me quedó ahí. 

Yo quería decir que la maldad es parte de nosotros, lo cual no está bien, pero tenemos que aceptarlo. Es ridículo tenerse por bueno y de hecho me parece super peligroso, porque eso quiere decir que no se reconoce la maldad intrínseca que se tiene. Yo quería llevarlo al máximo y decir que yo soy malo y que puedo ser el más malo de todos: yo soy Fausto. Tengo todo lo que podría tener, pero quiero más; y si viene el diablo y me lo ofrece, le diré que sí. Pensando en estas cosas llegué al mito de Fausto de Goethe, a posteriori. Entre mis ideas y lo que había escrito él, salió la canción. 

¿Cómo crees que se entiende la música electrónica en nuestro país y nuestra región? ¿Cuál crees que es su relación con las instituciones artísticas que se dedican a la vanguardia?

Las instituciones artísticas en general están bastante chapadas a la antigua, aunque se está haciendo un gran esfuerzo, pero se arrastra un bagaje y un concepto del arte bastante antiguo, entonces difícilmente puede encajar con la idea que podemos tener de la música electrónica en el sentido de avanzada. En este caso soy bastante optimista, creo que no queda otra: la música en general y la electrónica en particular tiene que integrarse con el arte. Yo voy a ver exposiciones o museos y la música o el audio está presente en muchas instalaciones y la barrera es ya difusa. 

Viajo con cierta frecuencia a Barcelona y siempre vamos a ver exposiciones y sobre todo la encuentro integrada en instalaciones. Supongo que tarde o temprano llegarán aquí. A mí no me parece que tengan el apoyo que tienen que tener, ni la repercusión, porque aquí quizá siempre vamos un poquito a la zaga de estas cosas, pero todo llega. Mientras seguiremos aquí intentando hacer algo, si nos dejan. 

La música electrónica ha avanzado muchísimo y además creo que es la música que más posibilidades tiene ahora. La guitarra es un concepto ya del siglo pasado y no creo que dé para mucho más desarrollo, sin embargo la música electrónica todavía tiene una capacidad infinita de desarrollo y hay que aprovecharlo…eso es ser punk, por ejemplo. Alguien puede llegar y sorprendernos con una guitarra, pero parece más difícil hoy por hoy. En la electrónica puedes encontrar varios artistas distintos cada año que te sorprendan, porque todo es nuevo y además requiere un esfuerzo por parte del oyente para entenderlo o valorarlo, lo que me parece bastante importante en cualquier tipo de arte.  

¿Cuál es tu opinión sobre la distribución de la música electrónica?

Por una parte se entiende que la distribución de la musica electrónica o la música avanzada debería aprovechar los medios más avanzados que tenemos ahora para la distribución. En ese sentido no tendría cabida por ejemplo el vinilo, pero no se puede tampoco renunciar a ello. Lo que me parece que no tiene sentido ahora desde luego es el modelo de distribución de los sellos discográficos, el modelo tradicional. Para mí tampoco tiene ningún sentido Spotify ni iTunes, porque aunque yo descargo musica y me gusta tenerla rápido en un pincho y poder escucharla en el coche; me da más satisfacción cuando me supone un esfuerzo encontrarla. El tema del esfuerzo para mí es muy importante pero no tiene que ser económico. Es decir, si un grupo que descubro en internet me gusta y ha publicado una cassette, me gustaría que no todas sus canciones estuvieran colgadas en internet, para que se pusiera en valor esa cassette o vinilo que ha sacado. Si te molestas en buscar y conseguir esa cassette, independientemente del dinero, podrás disfrutarla con el esfuerzo. Como esfuerzo me vale que alguien se tome la molestia de escribirme un privado y pedirme el disco, entonces yo lo mando, porque ha habido un esfuerzo. 

Creo que cualquier expresión artística tiene que tener un valor en sí misma y actualmente con la cultura de libre acceso, corremos el riesgo de que haya cosas que lo pierdan. Desde mi punto de vista los medios de distribución tienen que pasar por ese punto. 

¿Qué opinas entonces de la cultura libre y de su compatibilidad con los derechos de autor? 

Nosotros desde Las Tocayas siempre lo hemos hecho todo con Creative Commons. Me gusta que lo que yo hago lo pueda utilizar cualquiera, como yo, sin ánimo de lucro, porque si yo no gano dinero, esa persona tampoco, pero puede manipularlo y utilizarlo como quiera. 

Eso sí, en el bandcamp no están todas las canciones colgadas, por lo que acabamos de decir: quiero que quien tenga la cassette o quien me ha escrito un mensaje quizá, sí tenga entero el disco. No quiero que la gente se sienta exclusiva por tenerlo, de hecho ese es el conflicto que tenía al hacerlo, no quiero que se vea como un premio. Me gusta que haya un esfuerzo muy sencillo en la gente, que no de igual, no quiero que mi trabajo sea un disco más. 

Como acabamos de decir, tu álbum de debut, además de lanzarlo en parte vía bandcamp, lo has lanzado también en cassette. ¿Por qué esta vuelta a lo analógico? y ¿qué relación tiene y cuánto pesa el directo en tu trabajo? 

No me obsesiona el tema de lo analógico, en Wladyslaw utilizo medios analógicos pero también digitales. La cassette era lo que podía hacer y la opción que me gustaba más. La otra era hacer DVDs que no me gustan tanto y, como me autoedité, no podía hacer vinilos, aunque me hubiera gustado. Me hace más ilusión la cassette también porque partí de la cassette de Die Bunker que solo salió en ese formato; también porque es el formato de mi infancia, porque en mi casa no teníamos tocadiscos. Me gusta porque no estoy del todo de acuerdo con que lo digital o el vinilo suenen mejor, a uno le suena mejor lo que escucha. Es decir, si yo escuchaba Dire Straits de pequeño en cassette, si escucho una reedición digital, me gustará menos, porque el recuerdo que tengo en mi cerebro es como sonaba esa cassette que a lo mejor sonaba un poco más lento. Me daba un poco igual el formato pero al tener relación con mi infancia opté por él. También es un soporte muy punk. Miré cómo hacerlo bien y descubrí que hay sitios en la República Checa o en Reino Unido donde te montan las cassettes como tú quieras y a la longitud de tiempo que tú elijas, también eliges la caja… y pensé que era bonito. Y como realmente lo que quería era un objeto, para que tuviera un soporte físico además del digital, pues ahí está. 

El directo es lo que más valor tiene. Tenía que haber sido solamente directo pero no tuve valor para ello, es otro fracaso personal, son canciones que hice para el directo. Yo venía de componer mucho por ordenador y esta fue la manera de dejar el ordenadora un lado y de volver a componer en un local de ensayo. Las canciones cuando las terminaba las había tocado como 200 veces y ya estaban disponibles para el directo y cuando acabé pensé: hasta aquí. Esa era la idea, tocarlas en directo. Pero no te van a llamar para dar ningún concierto si no puedes presentar algo y tuve que claudicar, pero no era mi intención y en cierto modo me arrepiento un poco porque fue traicionar mis principios, aunque también me ha dado muchas alegrías. De todos modos yo pienso que mi musica es más para el directo. Quiero creer que tiene un punto de ritual que nos une un poco: no soy un artista subido a un escenario y vosotros estáis debajo. Mi intención es que haya un hilo conductor que nos una a todos en algún momento y que nos haga parte a todos de ello. 

¿Qué instrumentos utilizas y por qué?

Utilizo dos sintetizadores: lo que es la base (percusión, bajos y algún colchón de cuerdas) lo hago con un sintetizador que se llama Alesis-Micron que es un sintetizador digital de modelado analógico porque trata de emular de forma digital el sonido analógico y a mí me gusta bastante porque tiene muchas posibilidades de síntesis, requiere un poquito de esfuerzo porque a pesar de que parece que de juguete porque es pequeño, sine embargo es un poco complejo y supone un poco de esfuerzo hasta que consigues el sonido que tú buscas. Por otro lado, la parte analógica es un Arturia MiniBrute que es un sintetizador actual pero que es analógico: tiene sus transistores y de hecho hay que esperar 10 minutos a que se caliente para establecer la afinación y cuando cambias de ciudad tienes que afinarlo… y con ese hago lo que serían los punteos de guitarra en música rock. 

Llevo un Kaossilator que es también una especie de sintetizador dinámico por frases pequeñito que lo utilizo sólo para la introducción y la voz con un delay de guitarra que es lo que hace el efecto cuando canto. Es muy básico, no llevo muchos trastos, pero los exprimo todo lo que puedo hasta el punto de que a veces me paso y sobrepaso el límite de polifonía del Alesis-Micron. Y ese era el objetivo, aprovechar los cacharros que tenía en casa, porque Die Bunker con menos lo hacía. 

Yo no quería hacer algo vanguardista, quería hacer punk como se hacía a finales de los 70 en los primeros grupos de synthpunk que usaban sintetizadores que se empezaron a vender entonces más baratos y la clase media pudo comprarlos y hubo grupos que decidieron que la guitarra estaba pasado y que lo verdaderamente punk era no usar guitarras sino esto. Por eso lo que hago no es vanguardista, más bien retro, aunque mis influencias y mi época hacen que parezca vanguardista, pero no pretendí que lo fuera. 

Antes has mencionado a Las Tocayas cuyo “Perro lámpara”  llegó a los lugares más insospechados. Junto a ellas podríamos situar a otros grupos como Los Ganglios, Hidrogenes o las Bistecs, que forman una especie de escena no reconocida de electrónica lo-fi que juega con el humor en clave kitsch y castiza. ¿Cómo ves tú esta relación?

Creo que sí que es un estilo. Había un grupo que se llamaba Casioperras que también hacía esto: electrónica que sonaba lo-fi, con letras con un punto de humor y con chicha en el fondo. Ahora probablemente esté más de moda y otras veces más denostado. También hay grupos que trascienden eso: por ejemplo Hidrogenesse.  

Nosotros -hablo por mí- no queríamos hacer eso, pero yo no sabía hacer otra cosa porque acababa de empezar en la música, pero no me parece mal. Es decir, no creo que hacer ese tipo de música sea de gente que no sabe, de hecho podría volverlo a hacer si me apeteciera. Creo que establece sus límites técnicos y con ellos se hace esa música. Lo que siempre quiero reivindicar -y no siempre se ha comprendido- es que las letras tienen mucha más chicha de lo que parece. Yo en el fondo creo que las cosas que compuse para Las Tocayas no eran nada divertidas.  

Te sorprende que se te reconozca mucho más allá de tus fronteras y que te pinchen en una radio lejana. Suponemos que Internet tiene mucho que ver. ¿Te resulta útil? ¿Cómo compatibilizas su uso con una gira?

Se compatibiliza mal. Siempre quiero ir a tocar a todos esos sitios y de hecho se lo he sugerido a algunos pero no hay manera. Me sorprende mucho. No porque se escuche la música, porque estamos en una aldea global, tenemos internet… yo he mandado canciones a algunos programas, ellos las pinchan y los programas un poco especializados se retroalimentan un poco entre ellos… Lo que me sorprende es que cantando en castellano les guste y además lo entiendan, por los comentarios que hacen lo entienden y me parece alucinante. Además algunas cosas no son demasiado evidentes y sin embargo se entienden. No lo acabo de entender del todo. Con estas canciones yo no trato de contar una historia, sino que trato de transmitir las sensaciones que vivir esa historia produce, la atmósfera. No es narrativo, es expresionista. Por eso creo haber acertado, porque hay gente de otros países que no habla mi idioma y entienden el mensaje.