El patrimonio como construcción comunitaria

Entre los días 17 y 19 se ha celebrado en el Campus de la Universidad de Valladolid en Soria el Congreso Internacional de Educación sobre Patrimonio y Creatividad (EPAC). Marta -nuestra coordinadora- acudió al congreso para presentar la propuesta de "Distrito 11", que hacemos desde el bit:LAV como un modelo posible de trabajo desde la mediación cultural apoyada en el patrimonio cotidiano y comunitario. 

Lo cierto es que la Universidad de Valladolid dispone de un interesante grupo de investigación sobre didáctica de la educación artística que incluye una línea de trabajo sobre patrimonio inmaterial en Castilla y León dirigido por Olaia Frontal, que agrupa a numerosas investigadoras de la materia centradas en temas como la educación inclusiva y el desarrollo de procesos de patrimonialización, que compartieron sus conocimientos en el Congreso. La profesora dirige además el Observatorio de Educación Patrimonial en España (OEPE), fruto de una investigación iniciada en 2010 que acaba de incluir además la recientemente creada Red Internacional de Educación Patrimonial (RIEP-IHNE), además de con sus propios congresos internacionales.  

La profesora señaló el componente esencialmente afectivo del patrimonio, así como su rentabilidad en términos sociales, culturales e identitarios. Para ello es importante tejer redes comunitarias y que la ciudadanía haga suyo el patrimonio. 

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Pudimos coincidir además con proyectos importantes a nivel regional como la Fundación Santa María la Real o el proyecto Duero-Douro, una red de colaboración tejida desde el clúster AEICE, que busca potenciar la identidad de marca del eje territorial surcado por el Duero y en cuyo programa educativo está trabajando el equipo de la profesora Fontal. Esta iniciativa, presentada en el congreso, ha buscado adaptarse a las características del territorio investigando las iniciativas ya existentes en materia educativa con el fin de generar una vinculación en la ciudadanía. 

Nos parecieron muy interesantes los proyectos presentados por Ángel Portolés del Programa de Extensión Universitaria de la Universidad Jaume I (PEU-UJI), que nos relató como la universidad está puesta al servicio del territorio y responde a su demanda de especialización, como en el caso de la comunidad de Cirat, que quiere hacer del museo etnográfico su centro de participación y cuentan con los investigadores en tareas técnicas sin perder un ápice de su poder de decisión en términos de horizontalidad. 

Así mismo, la investigación propuesta por la profesora Carmen Gómez Redondo, que presenta la expresión plástica como herramienta para la patrimonialización basándose en la idea de que los diferentes recursos artísticos actúan como metáforas del patrimonio, idea que nos resultó harto sugerente y que nos permite vincular el patrimonio directamente con la creación contemporánea tal y como la proponemos en "Distrito 11". El Frottage, la Performance, la Estampación o Tejer son algunas de las técnicas propuestas por Gómez. 

Nos resultaron también muy atractivos en su enfoque tanto el proyecto educativo de las profesoras Miedes y Morales "Atlas subjetivo del Distrito Federal de México" para el ámbito universitario, como el taller sobre "Paisajes emocionales" de las educadoras Ruth Marañón y Stella Maldonado (Ubuntu Cultural) y el taller infantil y juvenil de URBYPLAN para construir la ciudad; por citar algunos. 

El patrimonio -como el paisaje- se han entendido como elementos estáticos e inmóviles, como detenidos y encapsulados en el tiempo. Sin embargo, el patrimonio es cultura y, como tal, se construye a diario de manera cotidiana y comunitariamente, si bien no todo aparece en las guías turísticas. He aquí uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos -por lo demás extensible a toda la cultura-: patrimonio se confunde demasiado a menudo con turismo, igual que difusión se confunde con educación, siendo la primera una herramienta del marketing y la segunda una herramienta emancipatoria. Sin embargo esa educación, para ser liberadora, debe tener un carácter verdaderamente participativo, en que no sólo se trabaje con o desde el patrimonio sino que "se haga", que esté y sea en proceso. Puesto que, al fin, el patrimonio es la memoria que impregna desde el más anodino cartel de una tienda de barrio, hasta la más excelsa vidriera catedralicia. Para ello además, debe estar dirigida a todo tipo de públicos, construirse colectivamente y codiseñarse y no estar secuestrada por elevados precios, como sucede hoy también en el ámbito universitario. Como bien común del conocimiento que es, es nuestro deber engrosarlo y no sólo "cuidarlo" sino hacerlo crecer de manera activa y en términos de cultura libre, tal y como tratamos de hacer en #Distrito11 donde, no sólo hacemos comunidad entorno a la memoria barrial, recuperando patrimonio cotidiano material e inmaterial, sino que tratamos de contar las historias que pasan desapercibidas. 

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