Cultura y conocimiento libre: Aproximación nº1

En este proyecto que es bit:LAV defendemos, y seguiremos haciéndolo, que la cultura libre y la libre distribución del conocimiento es elemental para la construcción de una sociedad más libre y justa. Donde el usuario tiene un papel activo más allá del mero consumidor. Puede copiar y distribuir la obra amén de modificarla, crear obras derivadas y contribuir así a una diáspora de conocimiento.

Dejando de lado los detalles legales, que son muchos y complejos por desgracia, me gustaría pararme a reflexionar sobre el concepto de Propiedad Intelectual. Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual es "toda creación de la mente humana". Dentro de esta definición cabe todo, absolutamente todo, nada queda fuera. Pero no deja de resultarme curioso que se puedan proteger legalmente las ideas pues, como dijo Santana cuando hablaba sobre como compone sus canciones, las ideas están ahí, solo tienes que cogerlas y hacerlas realidad. Lo que quiero decir con esto es que las ideas no pueden tener dueño pues nada impide que a dos o más personas se les ocurra lo mismo en puntos distintos del globo y lo lleven a cabo de forma diferente o incluso igual. Copyright, denuncia y un juez dilucidará si uno de los dos lo registró 10 minutos antes que el otro, aunque esto no determina a quién se le ocurrió primero. Quizá parezca una situación ridícula y poco probable pero para muestra un botón:

En 1963 Robert Moog desarrolló y presentó el sintetizador modular, un invento pionero y completamente novedoso en el que llevaba trabajando mucho tiempo. Mientras al otro lado del país, en la costa oeste, Don Buchla presentaba el último trabajo en el que había estado trabajando: el primer sintetizador modular. Podrían haber hecho como recientemente el trinomio Apple, Google y Samsung con su batalla legal sobre las interfaces de usuario (y otras movidas) de iOS vs. Android, pero no fue así. Estaban cambiando el mundo y creyeron que era más positivo el crecimiento colectivo y su aporte a la humanidad que liarse a juicios. Ninguno usaba licencias libres, a nadie se le había ocurrido aún, pero decidieron no hacer uso de sus derechos. Al final los dos acabaron arruinados (y luego resurgieron), aunque esto tiene más que ver con que habitualmente la gente creativa no suele ser buena administradora de sus finanzas. Lo que me lleva a otro tema:

Publicar algo bajo una Licencia Libre no quiere decir que sea siempre gratis.

Esta es una de las falacias en torno al Copyright más extendidas. La licencia no tiene nada que ver con su distribución comercial. Un libro, un disco o una película con licencia libre puede venderse igualmente en Amazon, en la Fnac o en una pequeña tienda y con el mismo precio que otro con Copyright. "Ya, pero si mi libro, disco o película está disponible para libre descarga... ¿por qué iba la gente a comprarlo?" Aquí tenemos otra falacia, en este caso la afirmación del consecuente. No nos engañemos, las obras privativas también están disponibles para su descarga aunque cada día sea más complicado encontrarlas. De forma que la licencia no implica vender más ni menos, aunque sí implica una continua persecución  de estos delincuentes ansiosos de conocimiento y de cultura por parte de las entidades de gestión y del estado, que con una licencia libre dejaríamos de penalizar. Alguien podría decir "Vale cada uno es libre para decidir su licencia, quien elija cerrar su licencia tiene derecho a que se persiga a quien le roba" Correcto, pero es demasiada gente a la que perseguir y penalizar, y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Incluso gente que defiende esta postura reconoce haber "robado" alguna vez.

Por otra parte hay que tener en cuenta un hecho que habitualmente pasa desapercibido, y es que en muchos casos los derechos de autor no pertenecen al autor si no a su "propietario", que puede ser una editorial, un productor, un sello discográfico u otros. Y que cobran una tasa cada vez que alguien exhibe públicamente alguna de estas obras. Nunca he comprendido el razonamiento detrás de este hecho, pero no me imagino a un arquitecto cobrando a todo el mundo cada vez que miren su edificio.

Todo esto es más complejo por su replicabilidad digital, pues son obras que se almacenan en un archivo que se puede compartir fácilmente a través de internet. Sin embargo hay otro tipo de obras que no se pueden compartir de la misma manera porque son objetos físicos o bien porque implican una puesta en escena que lo hacen único en cada representación. Es el caso de la pintura, la escultura, el teatro o la danza. Estos tienen otro tipo de implicaciones que podemos discutir.

En cualquier caso, es necesario un cambio de paradigma.