Las licencias libres y la cultura de la copia

La segunda sesión del docu:FORUM la dedicamos al documental ¡Copiad, malditos! de Stéphane M. Grueso. El director, ya iniciado en la cultura libre y la transformación introducida por Internet en la difusión del conocimiento, quiso con esta película reflexionar sobre la propiedad intelectual y los cambios que en la misma ha producido la omnipresencia informativa en la Red. Pudimos contar con su presencia en streaming y hacerle una pequeña entrevista para comentar en el debate posterior a la proyección algunas de las ideas por él esbozadas. 

Más allá de esta reflexión, buscó editarlo con una licencia distinta del copyright, muy alejado de la cultura libre de la que hablamos. El objetivo era poder distribuir el documental por Internet para lograr alcanzar una gran difusión del mismo, sin un coste para el espectador y, sobre todo, sin generar unos derechos de autor al uso.

Para ello, el equipo hubo de documentarse e informarse debidamente en torno al estatuto jurídico de los derechos intelectuales y su gestión, para lo cual entrevistó a gestores de derechos, editores, abogados, artistas… El resultado de todo este proceso es la propia película, una suerte de mirada hacia sí misma que pretende iluminar un camino no tan transitado y conocido, así como laberíntico.

Uno de los primeros punto y una de las claves –quizá más desapercibida- del film es que es una coproducción con la televisión pública española (tve). Esto, de por sí, introduce un interesante factor a valorar: los contenidos producidos en este tipo de televisiones –financiadas con fondos públicos, como señaló el propio director en el encuentro-, son contenidos públicos pero no “comunes”. En la entrevista que realizamos en streaming al director y en el debate posterior a la proyección, se comentaron diversos casos de contenidos públicos que no pueden ser de uso común, como es el caso del NO-DO o de documentos de archivo de otro tipo, que no están liberados y que suponen, como ha señalado en repetidas ocasiones la coordinadora del ciclo, un retraso para la difusión del conocimiento. En realidad, Stéphane señaló su película como una anomalía, no sólo por su inscripción en la cultura libre, sino por su relación con la televisión pública, que en torno al 2010 habría abierto una línea de investigación nueva en términos culturales que quedó finalmente en nada.

Aunque fue realizado hace ya 5 años, la vigencia de ¡Copiad, malditos! persiste intacta. Muchas cosas han cambiado, pero aún prevalece lo que podríamos llamar “la ideología del copyright” frente a la de la “cultura libre”. El problema se acentúa cuando aquellas entidades a las que por ley el artista debe acudir si desea percibir beneficios de la distribución de sus obras, son las mismas que sustentan el poder y elaboran programas educativos o logran modelar las leyes. Esto es lo que pudimos ya observar con la Ley Sinde y actualmente con la Ley Lassalle que, entre otras cosas, reduce el derecho a la copia privada a la mínima expresión haciendo uso por otra parte de un lenguaje ambiguo, como comentaron los asistentes.

Las ventajas de utilizar Creative Commons que señaló el director son, eminentemente, las de difusión y visibilidad por un lado y las de un “fructífero compartir”, podríamos decir. Su película es hoy patrimonio común, es para todos y eso, de por sí, le otorga riqueza. Más allá de esto, liberar películas en Internet permite que sean vistas por un mucho mayor número de espectadores que si se cierran a las salas de proyección convencionales, puesto que las películas “pequeñas” están destinadas a quedarse ahí, en unos cientos o pocos miles de personas que acudan a dichas salas en el momento indicado. La liberación y la libre descarga en Internet permite que todos los espectadores interesados alcancen los contenidos de manera legal y pongan nombre a directores y equipos de trabajo a los que, de otro modo, muchos no llegarían.

Por otra parte, como señaló Stéphane, no podemos negar que vivimos, de hecho, en una cultura de la copia y que se hagan copias de lo que uno haga implica, precisamente, que ese algo ha tenido éxito. De modo que, lo mejor que puede ocurrirle a un creador es que le copien.

De hecho, como indica el abogado Javier de la Cueva en la película, la copia es la génesis de la creación –como comentamos en la última sesión- y, es más, es el propio método de aprendizaje. De la Cueva señala además que el conocimiento distribuido basado en una inteligencia colectiva logra muchos mejores resultados. Y es en ese “compartir” en el que estamos interesados.

Uno de los mayores problemas de esta cuestión y un falso argumento que resuena a menudo además, es que “con la cultura digital (de la copia) la cultura misma se va a acabar”. Esto, como dijo David Bravo –el segundo abogado participante en la película-, no es más que confundir cultura con industria cultural: que no genere beneficio económico no significa que no sea cultura, y esto hemos de aclararlo debidamente.

No es fácil generar una alternativa real a las entidades de gestión, aunque ya hay un ejemplo en Alemania: C3S. Sin embargo sí existen ya algunas alternativas que trabajan con licencias libres, como las netlabels –a las que hemos hecho mención en el archivoLAV- o librerías/editoriales como Traficantes de sueños, dos de los casos que se presentan en la película.

La pregunta que se introdujo finalmente en el debate es: ¿cómo podemos servirnos de Internet sin sentirnos agredidos? Los asistentes coincidieron en que hay que empoderar a los autores y colectivizar la reflexión en torno a la liberación de la cultura.