Arte Interactivo: Rompiendo con la pasividad del espectador

Podría empezar este artículo repasando los antecedentes, hablando de aquellos artistas que ya en el siglo pasado experimentaban con instalaciones inmersivas y otras aventuras que trataban de implicar al espectador creando una relación más intima con la obra. Pero me lo voy a saltar. Voy directamente a la era digital, a la informática y la electrónica. Al fin y al cabo es lo que ha propiciado que actualmente vivamos en la edad de oro del arte interactivo. Me gustaría dejar de lado también la históricamente necesaria relación del arte con la tecnología.

En definitiva, quiero centrarme en la relación del arte con el espectador.

Siempre ha habido una conexión entre la obra y quien la observa. Pero ahora estamos un paso más allá porque esa relación se ha hecho física: podemos y debemos tocar para explorar la obra y provocar cambios visibles que dependerán de nuestras acciones. Esto establece una conversación en la que una acción provoca una respuesta de forma dinámica y esta relación crea un vinculo afectivo.

En muchos casos la obra no tiene sentido o directamente no existe hasta que alguien participe de ella. Así, no sólo se provoca que el arte se vuelva más activo y participativo socialmente, si no que también cambia el contexto en que se exhibe. Algunas instalaciones encuentran su medio natural en la calle, haciendo partícipes a viandantes que pueden ser aficionados al arte o no. Éste sale a la calle abandonando los muros que lo legitiman y lo elevan a una esfera elitista que en muchos casos amedrenta incluso a aquellos que tienen costumbre de visitarlos.

Estas experiencias de interactividad están dentro del gran saco que es el arte digital, y como éste, también son de naturaleza híbrida.

Un concepto importante, en gran parte de estas obras, es el empoderamiento del espectador al que a estas alturas debemos dejar de llamar así, pues remite a un elemento pasivo que ahora forma parte activa de la obra. Deberíamos llamarlo "participante" o incluso "artista". Sí, artista. Sin su intervención aquello no tiene sentido, no es nada más que un medio. Un artilugio que necesita ser manipulado, una herramienta que socializa el poder creativo y personaliza las experiencias.