Sesión X

En la última sesión, Julio Mediavilla -artista multidisciplinar y cacharrero- realizó una introducción muy pertinente al mundo de la instalación y a su relación con el arte digital y su forma de introducir al espectador en sus montajes. 

La instalación es una práctica transversal a los movimientos artísticos de la segunda mitad del siglo XX. Como una parte importante del arte digital, precisa de la interacción con el espectador, que le da sentido o lo acciona. 

Los años 70 suponen una radicalización de las actitudes y se reivindica una nueva forma de comprender el problema de la representación. Se cuestionan las relaciones del arte y la vida del mismo modo que se cuestionan las de materia y forma. Así pues, la pintura acaba por romper el espacio de representación y excede el límite del marco, como ya comenzara a hacer en las vanguardias de principios del siglo XX y como sucedía significativamente en el caso del collage. La escultura, por su parte y de la mano de Brancusi, se baja de la peana y se coloca a la altura del espectador, tomando un nuevo tamaño y formato que dialoga con éste de nuevos modos. Como algunos teóricos de la época apuntan, estos movimientos se aglutinan bajo el nombre de "neovanguardia" y no son sino una vuelta, una reconstrucción de esa vanguardia fallida de Duchamp y Tzara. La neovanguardia es, además, en oposición directa al expresionismo abstracto norteamericano -recordemos que para entonces ya se había producido el traslado del foco cultural de París a NY-que alimenta la subjetividad aislada del artista (consultar El concepto de neovanguardia en el origen de las teorías del arte posmoderno de Víctor del Río). 

 Joseph Beuys,  I like America and America likes me , 1974

Joseph Beuys, I like America and America likes me, 1974

Volvemos entonces a reproducir la dialéctica antagónica de artista/genio/deidad y espectador/no iniciado/contingencia y la oponemos a una visión del arte en que éste desaparece como entidad superior frente a la vida y el artista se desdibuja entre el público co-autor. Interesan entonces el arte procesual, de nuevo el object-trouvé llevado al absurdo de la acumulación y paralelamente el land art (nótese el caso de Spiral Jetty de Robert Smithson, 1970) y los happenings. Ir contra la institución arte se convierte en el imperativo, lo que conlleva una crítica al museo que supone habilitar nuevos espacios de exhibición más cercanos a la sociedad, como las tiendas y otros establecimientos. Pese a todo intento, una vez más, el sistema fagocita la crítica y acaba por aceptar en su seno al minimal, al conceptual y a todos los demás. 

Hoy nos encontramos ante viejos problemas: El espectador que ya comenzara a tildarse de usuario en los '60 es hoy plenamente USUARIO. El arte es concebido como ACONTECIMIENTO. Nos planteamos la problemática  de la representación en un nuevo espacio: el ciberespacio que cuestiona toda construcción ontológica (¿lo virtual es real?). El artista no es más que un técnico o un coordinador de equipos de personas que diseña una pieza que es construida por el equipo y que es puesta en marcha por el usuario antes citado. 

 Yoko Ono,  Cut piece , 1965

Yoko Ono, Cut piece, 1965

Así pues nos preguntamos hasta qué punto está realmente institucionalizado este arte digital que remite a problemáticas aún irresueltas de neovanguardia y de vanguardia. ¿De qué depende el hecho artístico? ¿Se trata acaso de generar una situación? Y si la cuestión es construir la "situación" ¿hasta qué punto no se construye una experiencia -al más puro estilo barroquizante- y se logra la manipulación -que no coautoría- del espectador?

En la segunda parte de la sesión, cada cual trabajó en su proyecto:

  • Proyecto 0001: Intento de guionización, análisis de problemáticas y simplificación de la composición sobre la que realizar la proyección del mapping. 
  • Proyecto 0000: Especificación de los lugares donde tendrá lugar la intervención. Matización del visual que será proyectado y búsqueda de la técnica de cuantificación de flujos.